Anjou, tierra generosa
Acercarse a Anjou, es elegir un territorio cargado de historia, sorprendente en su diversidad, abierto y moderno. Declarado Patrimonio mundial de la Humanidad por la UNESCO, en virtud de las orillas del Loira, Anjou atrae al turismo, francés y extranjero.
Un Anjou florido les acoge
En Anjou, lo vegetal rima con pasado, pero sobre todo con presente y con futuro. En torno a la identidad ‘Végépolys’, el sector angevino conocido como « Polo de competencia abierto al mundo» cuenta con cerca de 45 000 hectáreas de cultivos especializados : hortensias, plantas vivaces, viñas, árboles frutales, frutas rojas, hortalizas, etc. Esta intensa actividad ha atraído a varios equipos de investigación y formación de reconocimiento internacional. Y para completar el diseño paisajístico hortícola, la provincia cultiva igualmente jardines soberbios: El Parque Oriental Maulévrier, el mayor jardín japonés de Europa, las rosaledas de Doué-la-Fontaine, ‘Camifolia’ en Chemillé… y en breve ‘Terra Botanica’ dará su toque al Anjou ajardinado.
Todos los encantos de la tierra
En el corazón del Valle del Loira, 3era región vitícola francesa, el viñedo de Anjou y de Saumur es el más extenso. Con sus 30 apelaciones de origen controlado, esta tierra refleja el desarrollo de una amplia gama, tanto en la paleta cromática como en el sabor: blancos secos o dulces, rosados secos o jóvenes, tintos con cuerpo y vinos finos espumosos. Estos vinos se complacen en contentar todos las papilas, de enólogos iniciados y de amateurs encantados. Su fama y calidad les han conducido a pasar fronteras. Los lazos históricos con Inglaterra han permitido desarrollar una fuerte exportación hacia Europa, sobre todo de los blancos y los rosados. América del Norte y Japón han invitado también estos deliciosos caldos a sus bodegas y sus mesas.
Castillos donde late el pulso de la Historia
Anjou cuenta con no menos de 1200 castillos, casonas solariegas y residencias señoriales en sus tierras. Del castillo defensivo a la mansión Renacimiento, las obras arquitectónicas jalonan con fuerza y grandeza al paisaje angevino. Testigos privilegiados de la rica historia de la provincia, estos monumentos enarbolan todos un carácter bien « determinado»: el Castillo de Angers, impresionante fortaleza de esquisto y de toba del s. XIII; el elegante castillo « de amor » del Rey René que domina Saumur y el Loira; Brissac, Le Plessis-Bourré, Montgeoffroy y Serrant, cuatro majestuosos castillos izados en torno a la capital angevina; o, más aún, los múltiples retiros palaciegos, Baugé, Le Plessis-Macé, Montreuil-Bellay, Montsoreau, tan querido por Alexandre Dumas.
Anjou puede enorgullecerse de poseer el mayor número de castillos habitados, a veces por la misma familia, hace varios siglos.
El mundo fantástico de los trogloditas
Desde el s. XII, los angevinos han excavado la piedra blanda para edificar monumentos prestigiosos y viviendas. Toba y caliza han alimentado la industria extractiva de Saumur, conllevando la creación de un hábitat humano subterráneo. El paso de los siglos no ha obstaculizado el desarrollo del universo mágico de los trogloditas. Los millares de kilómetros de galerías subterráneas angevinas son hoy en día considerados como la mayor concentración troglodita de Europa. Albergan todavía viviendas y se abren también a actividades económicas y turísticas muy diversificadas: cultivo de champiñones, bodegas, museos, restaurantes, trogloditas, talleres de artesanía, galerías de artistas ¡e incluso un zoo !
De la tierra al cielo, el oro azul de Anjou
Con un pié en el Macizo armoricano y el otro en la Cuenca parisina, la provincia está repartida entre « el Anjou negro » del esquisto y « el Anjou blanco » de la caliza. La pizarra forma parte integrante de la Historia y del paisaje angevinos. Aunque las venas de esquisto de la provincia han sido codiciadas y que el material comienza en el s. XI a servir para techar, revestir viviendas, iglesias y castillos, habrá que esperar el fin del s. XIX para que nazca la industria pizarrera. Hoy en día, basta con recorrer las dos grandes cuencas pizarreras, en los aledaños de Angers y en el Haut-Anjou del Segré, para impregnarse, en torno a las zonas extractivas, de las largas vetas gris azulado, entramados metálicos y ciudades mineras.

